Trascurría el año 1812, gobernaba el Primer Triunvirato, los habitantes del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, necesitaban un distintivo que los identifique como pueblo. Estaba junto a un grupo de mis soldados, valientes y leales, pensamos en una distinción para nuestro pueblo que nos identifique y diferencie de nuestros enemigos.
—Cabo Gómez, ¿Qué le parece crear un distintivo para unificar los colores del Ejército Nacional? ¡Nos vamos a distinguir de los enemigos, fomentaremos la unidad, el espíritu entre hermanos!
—¡Si señor! ¡Si señor!
—¿Si señor?—Dije sonriendo , mientras el cabo seguía con su mano en la cien en posición de saludo. ¿No tiene otra cosa para decir?
—¡Pues, que debe ser llevada del lado izquierdo, junto al corazón, mi general!
—¡Perfecto, puede retirarse cabo!
Acostumbrado a tratar con las tropas, necesitaba urgentemente de caballería. Recuerdo a mis hermanos tucumanos, se encargaron de alistar gente para el ejército, conseguir caballadas, ganado y alimento. Su entusiasmo y lealtad, jamás podré olvidar y estaré agradecido siempre.
El Ejército del Norte, estaba a mi mando, derrotamos a las tropas realistas, que doblaban en número al nuestro, así detuvimos el avance del ejército de España, que pretendían invadir el noroeste argentino. Cuando tomé la jefatura, me encontré con el General Pueyrredón, en Yatasto, por el 1812.
Con el coraje en la piel y el alma, decidí solicitar al Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata un decreto para el uso de la Escarapela Nacional de color blanco y azul celeste, como lo consensuamos con algunos de mis oficiales de caballería. Así fue que el pedido que realicé el 13 de febrero de 1812, fue contestado, de forma positiva, el 18 de febrero.
El Primer Triunvirato, gobierno de hombres patriotas e ilustres, Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Chiclana, respondió ante mi solicitud, reflejo del amor por nuestra patria que se encontraba en proceso de unidad y libertad.
La Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste, llenó de orgullo mi alma, el de mi ejército y el de todos los hombres que se sumaban a la lucha, reconociendo a muchas mujeres, a nuestras mujeres, que en el camino y durante las batallas, daban su apoyo.
Estas líneas conformaron mi pedido al gobierno patrio:
"Rosario, 13 de febrero de 1812
Excelentísimo señor:
Parece que es llegado el caso de que vuestra excelencia se sirva declarar
la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoque con
la de nuestros enemigos y no haya ocasiones que puedan sernos de
perjuicio y como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que
la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyas
sombras, si es posible, deben alejarse, como vuestra excelencia sabe,
me tomo la libertad de exigir de vuestra excelencia la declaración que
antes expuse.
Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Rosario, 13 de febrero
de 1812.
Excelentísimo señor.
Manuel Belgrano.
Excelentísimo Gobierno de las Provincias del Río de la Plata"
Esperé unos días, luego pensé que tardarían en contestar mi petición, para nosotros era sumamente importante, cuando menos lo esperaba, uno de los soldados me acercó una nota, que trascribiré en su totalidad, como la anterior, por su importancia, imprescindible para relatar nuestra historia. Decía:
"En acuerdo de hoy se ha resuelto que desde esta fecha en adelante, se
haya, reconozca y use, la escarapela nacional de las Provincias Unidas
del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores blanco y azul
celeste y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían.
Se comunica a vuestra señoría para los efectos consiguientes a esta
resolución.
Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Buenos Aires, febrero 18 de
1812.
Feliciano Antonio Chiclana - Manuel de Sarratea - Juan José Paso -
Bernardino Rivadavia, Secretario.
Al Jefe del Estado Mayor."
Luego de leída estas líneas, no logré contener la emoción, hice formar a los soldados, algunos preguntaban si pasaba algo, otros se formaron rápidamente, entonces me paré sobre unos bultos, cuando todo fue silencio, dije:
Juraremos, por nuestra patria y por las victorias de nuestras batallas:
"Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad".
¡Todos gritaron... viva la patria!
Mary Cross Copyright ©
Textos entre comillas, originales del Archivo General de la Nación; División Nacional, Sección Gobierno, Bandera y Escarapela, 1812 -1818, Sala X, 44 - 8 – 29
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