miércoles, 6 de septiembre de 2023

Bartolina la líder aymara

 


Bartolina Sisa, fue dirigente indígena, del pueblo aymara.  Se opuso a la dominación colonial del Imperio Español, cuando lideró una sublevación en La Paz, Bolivia, en septiembre de 1782. Valerosa mujer quechua fue descuartizada por las fuerzas españolas durante la rebelión anticolonial de Túpaj Katari en el Alto Perú. Podemos recordarla como una de las tantas mujeres que lucharon en defensa de la dignidad y libertad de sus pueblos. Luchó por la emancipación del yugo español acompañando a su esposo Túpac Katari. Por su brutal muerte, fue considerada mártir.

 Nació el 25 de agosto de 1750 en la provincia Loayza del Departamento de La Paz.

Hija de José Sisa y Josefa Vargas, originarios del Alto Perú, vivían del comercio de la coca de los Yungas y de la tela o bayeta de la tierra. Junto a sus padres, Bartolina adquirió la experiencia en el comercio, logrando independizarse a los 19 años.

En sus viajes, por las ciudades, pueblos, comunidades, minas, cocales, Bartolina, conoció la realidad en la que vivían los pueblos andinos y el peligro de los ejércitos realistas. Observó el sometimiento, la explotación, las ofensas y el abuso que sufrían sus hermanos indígenas por parte de las autoridades españolas.

La realidad angustiante, la toma de conciencia de los problemas sociales y políticos, siendo muy joven, creo en ella la convicción de protesta contra todo el sistema colonialista de explotación. 

Julián Apaza, conocido como Túpac Katari, más tarde se convierte en su esposo. Él fue parte del comercio de la coca, luego de estar dos años siendo explotado, en el trabajo forzado en la mita en las minas de Oruro. En uno de sus tantos viajes y frecuentando los mismos lugares, se conoce con Bartolina Sisa.

Bartolina era inteligente, sabía montar a caballo, dominaba el kurawa -onda- y el fusil. Una joven, bonita, enérgica y de piel morena, de importante estatura y ojos negros y con una determinación única.  Se casó con Julián y su primer hijo fue capturado y asesinado, el resto de sus hijos sobrevivieron, para esto, cambiaron de nombres y apellidos. Comenzaron a ser perseguidos al ser señalados como parte de la resistencia de un pueblo sublevado contra el Imperio. 

Sisa fue nombrada Virreina y Túpac Katari Virrey del Inca,  tiempo antes, de marchar rumbo a a la liberación de su pueblo, en el cerco de La Paz. Bartolina organizó campamentos militares durante la sublevación en El Alto, en Chacaltaya; en Killi Killi; en el Calvario; en el valle de Potopoto y en las alturas de Pampahasi.

Julián Apaza, se enteró de los levantamientos y de las ejecuciones de los hermanos Katari en Chayanta (Potosí),  de José Gabriel Tupac Amaru, en Tinta, por este motivo cambió su nombre a un nombre de guerra y se hizo llamar Túpac Katari.

Era el mes de marzo de 1781, comenzó el levantamiento en Ayo Ayo. La táctica de lucha fue el cerco y reunió a 40.000 hombres para sitiar la ciudad de La Paz. En pocos meses, en julio, el número de insurgentes se duplicó. Los principales cercos estaban en El Alto y Pampahasi comandados por Túpac Katari y Bartolina.

Comenzó el enfrentamiento entre el Ejército Español Realista y la resistencia indígena. Los indígenas tenían superioridad numérica y españoles contaban con armas de fuego. El 17 de mayo, Sebastián Segurola, al enterarse de que en Pampahasi comandaba una mujer, envió un ejército para romper el cerco. Sin embargo, Sisa resiste y logra triunfar.

Después de tres meses de cerco y sin provisiones, el ejército español comenzó a debilitarse por hambre. La Real Audiencia de Charcas envió 1.700 hombres para destruir el cerco y ejecutar a los líderes de la resistencia. El 30 de junio, la resistencia, indígena, se replegó sin oponer resistencia. Los españoles, astutos y entrenados para la guerra, actuaron de forma estratégica: instigaron a la traición a los indígenas a cambio les ofrecieron el indulto. La traición a la resistencia fue la entrega de los líderes. A raíz de esta noticia, el 2 de julio, Bartolina se trasladó desde El Alto hasta Pampahasi. Emrendió el viaje,  sabiendo su hubicaión, algunos de sus acompañantes, que pactaron con los españoles, la traicionan. La tomaron presa y entregaron a cambio del indulto. Los traidores a Bartolina, también fueron traicionados, los realistas no cumplieron con el indulto.

Fue torturada y humillada por el brigadier Sebastián Segurola para obtener información.  No reveló ningún dato. Resistió como líder y mártir, con dignidad y coraje. Durante el segundo cerco, ella continuaba presa, Túpac Katari intentó liberarla. Ofreció intercambiarla con él o con el cura Vicente Rojas.

El 17 de octubre llegó el Ejército Realista, desde Buenos Aires, con 7.000 hombres, al mando de un general déspota y sanguinario, el General José de Roseguín, para romper el cerco. La batalla fue encarnizada, la superioridad en armas de los españoles, hizo que Túpac Katari se repliegue hasta Peñas. En Chinchayo, fue apresado por la madrugada del 10 de noviembre por la traición cometida por el primo de Bartolina, Tomás Inca Lipe, que era su más colaborador cercano, el cual gozaba de su confianza verdadera. Pasados unos cuatro días, a Bartolina se la obligó a estar presente en el descuartizamiento público en la plaza de Peñas, del amor de su vida, su fiel y digno esposo, Túpac Katari.

Pasaron doce largos meses, al amanecer del 5 de septiembre de 1782, un colonialista español, decidió sobre la vida de una mujer, Bartolina, hija de las tierras profundas, originarias y pacientes, del pueblo inca. 

El oidor Tadeo Diez de Medina, un español arrogante, la sentenció a muerte. Dio instrucciones precisas para su humillación y muerte. 

La sacaron a la plaza mayor. Dos soldados realistas la ataron a la cola de un caballo.

Arrastrada hasta morir. Su frágil cuerpo golpeó sobre la tierra seca, atravesó superficies rocosas, su piel se plegó, sus lágrimas dieron un brillo húmedo a su rostro.  Sus ojos negros, miraron al infinito, en su último suspiro y camino a la inmortalidad. 

La sangre de Bartolina Sisa se fusionó, con la tierra símbolo de la resistencia, en las venas abiertas de la América india.

Mary Cross  Copyright ©


martes, 5 de septiembre de 2023

La escarapela de Belgrano




Trascurría el año 1812, gobernaba el Primer Triunvirato, los habitantes del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, necesitaban un distintivo que los identifique como pueblo. Estaba junto a un grupo de mis soldados, valientes y leales, pensamos en una distinción para nuestro pueblo que nos identifique y diferencie de nuestros enemigos.

—Cabo Gómez, ¿Qué le parece crear un distintivo para unificar los colores del Ejército Nacional? ¡Nos vamos a distinguir de los enemigos, fomentaremos la unidad, el espíritu entre hermanos! —¡Si señor! ¡Si señor!
—¿Si señor?—Dije sonriendo , mientras el cabo seguía con su mano en la cien en posición de saludo. ¿No tiene otra cosa para decir? —¡Pues, que debe ser llevada del lado izquierdo, junto al corazón, mi general! —¡Perfecto, puede retirarse cabo! Acostumbrado a tratar con las tropas, necesitaba urgentemente de caballería. Recuerdo a mis hermanos tucumanos, se encargaron de alistar gente para el ejército, conseguir caballadas, ganado y alimento. Su entusiasmo y lealtad, jamás podré olvidar y estaré agradecido siempre. El Ejército del Norte, estaba a mi mando, derrotamos a las tropas realistas, que doblaban en número al nuestro, así detuvimos el avance del ejército de España, que pretendían invadir el noroeste argentino. Cuando tomé la jefatura, me encontré con el General Pueyrredón, en Yatasto, por el 1812. Con el coraje en la piel y el alma, decidí solicitar al Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata un decreto para el uso de la Escarapela Nacional de color blanco y azul celeste, como lo consensuamos con algunos de mis oficiales de caballería. Así fue que el pedido que realicé el 13 de febrero de 1812, fue contestado, de forma positiva, el 18 de febrero. El Primer Triunvirato, gobierno de hombres patriotas e ilustres, Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Chiclana, respondió ante mi solicitud, reflejo del amor por nuestra patria que se encontraba en proceso de unidad y libertad.
La Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste, llenó de orgullo mi alma, el de mi ejército y el de todos los hombres que se sumaban a la lucha, reconociendo a muchas mujeres, a nuestras mujeres, que en el camino y durante las batallas, daban su apoyo. Estas líneas conformaron mi pedido al gobierno patrio: "Rosario, 13 de febrero de 1812 Excelentísimo señor: Parece que es llegado el caso de que vuestra excelencia se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoque con la de nuestros enemigos y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio y como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyas sombras, si es posible, deben alejarse, como vuestra excelencia sabe, me tomo la libertad de exigir de vuestra excelencia la declaración que antes expuse. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Rosario, 13 de febrero de 1812. Excelentísimo señor. Manuel Belgrano. Excelentísimo Gobierno de las Provincias del Río de la Plata" Esperé unos días, luego pensé que tardarían en contestar mi petición, para nosotros era sumamente importante, cuando menos lo esperaba, uno de los soldados me acercó una nota, que trascribiré en su totalidad, como la anterior, por su importancia, imprescindible para relatar nuestra historia. Decía: "En acuerdo de hoy se ha resuelto que desde esta fecha en adelante, se haya, reconozca y use, la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores blanco y azul celeste y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían. Se comunica a vuestra señoría para los efectos consiguientes a esta resolución. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Buenos Aires, febrero 18 de 1812. Feliciano Antonio Chiclana - Manuel de Sarratea - Juan José Paso - Bernardino Rivadavia, Secretario. Al Jefe del Estado Mayor." Luego de leída estas líneas, no logré contener la emoción, hice formar a los soldados, algunos preguntaban si pasaba algo, otros se formaron rápidamente, entonces me paré sobre unos bultos, cuando todo fue silencio, dije: Juraremos, por nuestra patria y por las victorias de nuestras batallas: "Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad". ¡Todos gritaron... viva la patria! Mary Cross Copyright © Textos entre comillas, originales del Archivo General de la Nación; División Nacional, Sección Gobierno, Bandera y Escarapela, 1812 -1818, Sala X, 44 - 8 – 29

Bartolina la líder aymara

  Bartolina Sisa, fue dirigente indígena, del pueblo aymara.  Se opuso a la dominación colonial del Imperio Español, cuando lideró una suble...